domingo, 11 de julio de 2010
¿Por qué?
Aun recuerdo esa noche, esa fría y oscura noche en la que me dejaste con el alma hecha pedazos,
sin importar que mi vida lentamente se desvaneciera. Aun recuerdo ese momento en el que me dijiste adiós. Y yo, con lágrimas en los ojos suplicaba que de mi no te alejaras, que no me abandonaras porque sabía que no iba a soportar ese dolor tan grande. Pero a ti nada te importó, pues creías que mis lágrimas eran solo una estrategia para causar lastima y hacerte sentir culpable. Entonces, sin el más mínimo reparo, me clavaste en el pecho la espada, esa que atravesó sin piedad mi corazón, destrozándolo por completo. Y así fue como unas extrañas pero dolorosas gotas de sangre empezaron a derramarse cada vez con más fuerza y cada vez más abundantes. Lo sabía, lo sentía, era mi corazón el que se estaba desangrando, era mi corazón el que se estaba muriendo, era yo quien estaba perdiendo. Con los pocos alientos que quedaban, supliqué por última vez con la voz entrecortada y mi rostro bañado en lágrimas ¡no te vayas! ¡no me dejes! no te alejes de mi, ¿O es que acaso no sabes lo que pesa el dolor de la sangre cuando se ama con el alma? ¿No conoces el dolor, no sabes el miedo que causa la soledad y la desilusión, lo que produce quedar en medio de la nada y el sentir que te ahogas porque te falta el aire para respirar? ¿Dime es que no sabes amar? Donde quedan las promesas a las cuales nunca íbamos a faltar, donde queda el pacto que juramos no disolver, donde queda el deseo de construir un mundo solo para las dos, donde han quedado los sueños, las ilusiones, las ganas de luchar contra el mundo para ser sublimes y llegar hasta lo mas alto para conquistar el reino de la felicidad eterna. A donde fueron a dormir todos tus encantos, a donde se ha ido tu grandeza, a donde se fue tú amor. Ese amor que me jurabas era solo para mi, ese amor que prometiste iba ser para toda la vida y que incluso me dijiste lo ibas a guardar después de la muerte. Fueron esas mis últimas palabras antes de que partieras, postrada ante tus pies te rogaba, te imploraba que no te marcharas. Pero tu, deseosa de partir, me diste la espalda, empezaste a caminar y a tomar otro destino mientras yo veía como te alejabas lenta y eternamente de mi vida. Cada paso que dabas era un puñal que atravesaba mi alma, porque ya había muerto mi corazón. Ya ibas lejos y tu figura terminó por perderse en la espesa niebla que cubría el lugar. No pude verte mas. Lo único que quedaba era el gran interrogante ¿por qué? Porque me abandonaste, porque me dejaste sola, porque no comprendiste que te amaba con el alma, porque me mataste en vida, porque guardaste silencio y no sacaste valor para explicarme cual era el motivo para dejarme sola. Como era posible que de todo lo que juraste nada pudiste cumplir y que todas tus creencias las abandonaras, y sin saber porque, que traicionaras todo lo que tu eras y abandonaras tus sueños
como si fueran un papel que se tira en la basura, para que se pierdan en la nada y viajen sin
saber a donde. Esa noche fue la noche más triste de mi vida, además de que fue la más oscura y la mas fría que he podido conocer, porque sentía que mi alma se congelaba, estaba temblando de frío, mis manos se congelaban a medida que iba pasando el tiempo. Y lo peor de todo, era que ya no tenía quien me brindara abrigo, pues tú ya te habías marchado lejos, muy lejos. El frío cada vez se hacia mas intenso y no bastando con eso la lluvia se pronuncio en aquel lugar tan oscuro y baño todo mi cuerpo, estaba completamente empapada y llena mil dudas, pero a la vez de rabia, de desconsuelo, de dolor. Lo peor de todo era que mi corazón aun estaba derramando sangre, sangre que brotaba por culpa de la herida honda y profunda que con tu partida causaste. Mis alientos se agotaban, sentía que iba a morir y no precisamente por el frío ni por la intensidad de la lluvia, sino por el dolor tan grande que en mi alma sentía. Ya casi agonizando alcé la mirada al cielo y entonces me pregunté por qué te habías marchado, porque en ese momento estaba atada completamente al dolor, y no hallé entonces quien por fin me respondiera…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Gran primera entrada =)
ResponderEliminar